Fernand Braudel Center, Binghamton University

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Comentario No. 27, 1 de noviembre de 1999

 

“El Futuro del Sistema Universitario”

 

Habitualmente hablamos de la universidad como una institución cuyos orígenes están en la Europa medieval. Esto es un mito agradable. Sin embargo, en realidad, la universidad medieval cesó su florecimiento (circa) hacia 1500 y se fue extinguiendo en los tres siglos posteriores. Lo que hoy tenemos fue creado prácticamente ab novo en el siglo XIX en Europa occidental y Norteamérica y difundido gradualmente como una institución al resto del mundo, durante un siglo y espectacularmente después de 1945.

 

La universidad moderna tuvo fuertes rasgos que le son distintivas. La facultad, integrada por profesionales pagados de tiempo completo, percibiendo la mayoría de sus ingresos de su trabajo en la universidad. Los estudiantes, que asisten en su mayor parte de tiempo completo, con la intención de obtener algún grado específico. La universidad está dividida en facultades, que se dividen a su vez en departamentos. La facultad y los estudiantes están asignados a departamentos específicos, y los departamentos, se supone, encarnan "las disciplinas", esto es, materias especializadas e intelectualmente coherentes. Las universidades son, no sólo el mayor instrumento de reproducción del saber, sino también el principal lugar de su producción.

 

La descripción de este tipo ideal necesita ser historizada. Desde 1750, lo que constituye hoy las "artes y ciencias" se enseñaba dentro de una misma Facultad de Filosofía, en la cuál los profesores poseían "cátedras" –cada uno de los cuales tenía un título específico que no necesariamente debía ser sucedido. Fue más o menos en este tiempo cuando se cristalizó una separación profunda en el mundo del saber, eso que nosotros hoy referimos como el "divorcio" entre la ciencia y la filosofía, o las "dos culturas." Es importante entender cuán extraordinario fue esto. Nada parecido había existido anteriormente en el mundo Occidental o, verdaderamente, en cualquier otra parte del mundo. Ahora se proclamaba que había dos modos completamente diferentes de conocer. Por una parte, fue designado un modo llamado científico, en el que se estudiaba por vía de la examinación empírica de la realidad y sus resultados se presentaban a manera de generalizaciones tan ampliamente como la evidencia lo permitía. Por otro lado, fue designado un modo llamado humanístico, en que lo estudiado era por empatía hermenéutica (interpretativa) y en el que las generalizaciones podían ser desaprobadas.

 

El resultado fue una enemistad epistemológica de dos siglos de duración, en la que, cada lado como mínimo despreciaba uno a otro y como máximo se desaprobaban como portadores de un saber inútil o irrelevante. Además, mientras que previamente la búsqueda de lo verdadero y la búsqueda de lo bueno y lo bello eran deberes inseparables del estudioso, las dos epistemologías dividieron estas tareas. La ciencia asumió como su única responsabilidad la búsqueda de lo verdadero y a las humanidades le fueron concedidos derechos únicos sobre lo bueno y lo bello. Las ciencias sociales surgieron como el dominio sobre el estudio de la realidad social, dominio refutado por las dos epistemologías. Las ciencias sociales fueron fragmentadas por el llamado Methodenstreit, entre los enfoques nomotético e idiográfico del saber.

 

Cada parte empezó a construir sus ciudadelas dentro del sistema de la universidad, creando sus propias facultades, donde se erigieron múltiples departamentos representando a las supuestas disciplinas. La facultad y los estudiantes fueron aprisionados virtualmente dentro de estas fronteras disciplinarias, y todo un conjunto de instituciones surgió para reforzar estas fronteras: cursos de investigaciones, grados académicos alusivos a las disciplinas, revistas portando los nombres de las disciplinas en los que las facultades de esas disciplinas esperaban ser publicadas, congresos y asociaciones nacionales e internacionales de las disciplinas, e incluso clasificaciones de las bibliotecas.

 

La estructura estaba completamente en su lugar a partir de 1945. A su vez, la ciencia había ganado su batalla de prestigio con las humanidades, y fue reconocida como la forma superior de saber, recompensada socialmente no sólo con honores, también en forma de dinero. La ciencia reclamó su ser socialmente útil, verdaderamente imprescindible, en la producción de tecnología que fomentaba el crecimiento económico, permitiendo una mejor calidad de vida. Sin embargo, tan pronto como esta estructura estuvo finalmente en su lugar, empezó a sufrir la sobrecarga.

 

La separación de las múltiples disciplinas comenzó a ser tomada como una inexactitud intelectual, como un impedimento heurístico al saber, socialmente perjudicial. Por lo demás, la sorprendente expansión del sistema universitario mundial en el período 1945-1970, creó una enorme presión a los especialistas para encontrar nichos en los cuales distinguirse a sí mismos. Empezó entonces un proceso masivo de "pesca furtiva" sobre las “disciplinas” vecinas en la búsqueda por tales nichos, y pronto lo que había sido una separación clara entre las "disciplinas" hacia 1945, se convirtió en una mezcla fangosa turbia y desordenada.

 

Mientras tanto, el concepto de las dos culturas empezó a ser socavado desde ambos extremos de la división epistemológica. Dentro de las ciencias naturales aparecieron los partidarios de las ciencias de la complejidad, que desafiaron la dinámica Newtoniana y todos sus corolarios: la linealidad, la reversibilidad del tiempo, el determinismo, el equilibrio. Argumentaron una ciencia basada en premisas contrarias y hablaron de "la flecha de tiempo" y del "fin de certezas." Dentro de las humanidades surgieron múltiples adeptos a los estudios culturales que afrontaron la postura tradicional de las humanidades que enfatizaba sobre la importancia de los cánones universales que debían ser elaborados y transmitidos. Insistieron sobre el contexto social de toda producción y recepción culturales, y por lo tanto, de su variabilidad con el tiempo y el espacio. Lo que estaba ocurriendo, era la transformación de ambos movimientos del campo magnético del saber de uno que era centrífugo a uno que era centrípeto. Su labor ha sido empujar el mundo del saber hacia la superación de las dos culturas.

 

Al mismo tiempo, el sistema mundial universitario ha entrado en profundas dificultades financieras. El costo global de la educación superior se ha convertido en un elemento principal de la asignación social de la riqueza, y desde 1970 los estados y otros donadores de fondos han buscado la manera de reducir los costos de su constante crecimiento. Un mecanismo principal que se ha propuesto en todas partes es lo que se puede llamar la "high-school-ization" del sistema universitario: menos maestros para más estudiantes, simplificación, estandardización, y mayor control de los currícula, aunado al menoscabo de la investigación. Esta tendencia no disminuirá al menos en el próximo medio siglo.

 

Esto ha empujado a los investigadores fuera del sistema universitario: hacia institutos de estudios avanzados, academias de ciencia, estructuras privadas de investigación, y del trabajo para las grandes corporaciones. Esta tendencia se acelerará probablemente en los próximos 25 años, despojando a los sistemas universitarios de algunos de sus mejores eruditos. Y lo más importante, esto puede señalar el fin del papel de la universidad como lugar de producción del saber.

 

Esto no es ni necesariamente bueno ni necesariamente malo. Pero significa que, en caso de una reconstrucción epistemológica fundamental del mundo del saber, la universidad puede dejar de ser su lugar de acción. Necesitamos preguntarnos, entonces, si los investigadores serán protegidos de la gran presión en los nuevos escenarios institucionales para producir ventajas a corto plazo para sus mecenas, ya sean los estados o los intereses económicos privados. El siglo que viene puede ser la oportunidad para la reconstrucción del mundo del saber como lo fue el periodo 1750-1850.

 

Immanuel Wallerstein

 

TRADUCCIÓN: NORBERTO ZÚÑIGA MENDOZA

 

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Estos Comentaraios se pulbican dos veces al mes y tienen la intencion de ofrecer una reflexion sobre la coyunturamundial, con una perspectiva al largo plazo.

 

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